Después de un par de años dando conciertos, por fin se van a animar a publicar música nueva. Antes, en mayo, saldrá una nóvela gráfica escrita por Enric Montefusco a modo de anticipo de su nuevo álbum.
ATENCIÓN
STANDSTILL PUBLICA UNA NOVELA GRÁFICA DE 80 pgs QUE ILUSTRA Y ANTICIPA SU NUEVO DISCO:
“VIDA Y OBRA DE UN TITIRITERO”
Fecha de salida del cómic -28 Mayo
Fecha de salida del álbum - próximo otoñoInfinitas ganas teníamos de explicaros esto:
En marzo de 2025 empezaba a sentir la urgencia de tomar alguna decisión. Standstill, la banda en la que deposité toda mi energía durante diecinueve años, había vuelto para actuar –después de diez años de inactividad– en un puñado de conciertos. La gira resultó ser la más agradecida y fluida de toda nuestra carrera. Algo había cambiado. Quizás el paso del tiempo realmente le sentaba bien a nuestra propuesta, que, vista con perspectiva, siempre había tendido más a poner semillas que a recoger frutos. De lo que no hay ninguna duda es de que también nosotros habíamos cambiado: la compleja y apasionada maquinaria humana que formamos volvía a tener sentido.
Estaba claro que era un momento –otro– de cambio, incluso de salto. Las letras de las canciones que empezaba a escribir inevitablemente reflejaban la transición. Casi sin querer, noté que intentaban explicar –explicarme– por qué la negativa a seguir luchando con Standstill en el complicado y a menudo desagradecido mundo de la música se había vuelto un SÍ. Los textos reflejaban el sentido inicial y el proceso de “ataque” y adaptación a un contexto que se rige por unas reglas ajenas a nuestros parámetros. Reflejaban la conquista. También el colapso. También la vida alejada de todo eso, con otros campos más personales que asaltar y, finalmente la sensación de desbloqueo posterior, por llamarlo de alguna forma.Todo trazaba un largo arco vital muy íntimo y particular, pero la verdad es que siempre tuve la sensación de estar enfrentándome a situaciones, retos y fases que muchos otros ya habían atravesado. Vivencias análogas a las de cualquier otra persona, artista o no, que haya intentado atender a una misma llamada universal: la de escuchar en última instancia su voz propia. De hecho, cada vez estoy más convencido de que cualquier persona, ubicada en cualquier contexto y época, siempre fue, es y será apelada a dar al resto lo más genuino de su alma. Una especie de deber independiente de las adversidades y supuestos precios que haya que pagar.
Obviamente, tampoco esa intuición era obra mía. De hecho, toda una tradición de pensamiento hacía hincapié en la inevitable universalidad del proceso. El psicoanálisis y la mitología comparada avalaban, de alguna forma, la forma en la que vomitaba esos textos que, adecuadamente ordenados, remitían a un viaje. Había encontrado la lógica escondida en esos vómitos. Era el viaje de alguien que simplemente atiende positivamente a una llamada incierta que le lleva a un lugar desconocido para regresar ya siendo otro. De hecho –diría más–, seguramente se trataría del único camino que merece la pena ser recorrido, el del “héroe” que desafía las inercias del mundo y que, en ese proceso, se confronta profundamente consigo mismo. Un héroe liberado en alguna medida de invisibles cadenas y conformado, en realidad, por derrotas y renuncias más que por grandes victorias.
Era el momento de concretar, de definir el regreso creativo de la banda y, trece años después, encontrar la nueva forma en la que tenía que mostrarse. Se trataría de un disco con una dramaturgia global bien trabajada, que hablara en última instancia del sentido del retorno de la banda, con canciones dispuestas de tal forma que mostraran las etapas hasta llegar a este punto... Pero faltaba algo más. Esas semanas había ido a menudo con mi hijo mayor a la biblioteca a resguardarnos de la lluvia y a coger muchos libros y cómics. Uno de ellos era de un tal Oriol Garcia Quera. La portada prometía épica y buen gusto, pero, sobre todo, una oportunidad para adentrarnos juntos un rato a nuestro apasionante y misterioso pasado. Esa noche, no obstante, acabamos los dos llorando emocionados en la cama. La increíble ambientación, la rigurosidad histórica de la puesta en escena, la sutileza y profundidad de los gestos de los personajes, la dramaturgia tan bien trazada, la clara voluntad de enseñarnos cómo era realmente la vida entonces, sin edulcorantes y, a la vez, libre de la odiosa condescendencia de la mirada del futuro. Por encima de todo, encontramos una clamorosa humanidad que atravesaba el tiempo y que nos sacudió sin esperarlo. Pedimos todos sus cómics, uno tras otro, y nos ocurrió una y otra vez. Allí había algo. Y era algo que conectaba con mi búsqueda.
La música y las crudas frases confesionales que brotaban me pedían un poco de vuelo, un imaginario nada morbosoni documentalista, lejos de aquí y de ahora pero a la vez muy fiel a las tesituras de lo íntimo. Me pedían un trabajo de destilación y búsqueda de esencia, de arquetipos y símbolos. Un mundo fuera de nuestra contemporaneidad pero cargado de personas y elementos contemporáneos con un significado determinante, que, de alguna forma, nos ha configurado. Y así, a través suyo, se podrían ubicar el sentido y lugar que ocupan la creación, el arte, la banda. La extrema y precisa manufactura del mundo del cómic y en concreto el trabajo de Oriol eran perfectos, además de su previsible afinidad y sensibilidad. Este era el final del viaje, que, precisamente, nos traía de vuelta el amor por lo pequeño, casi por lo invisible, por la humildad artesanal, la entrega y la fe en la obra que se paga a sí misma por el mero hecho de hacerse, y que se materializaba mágicamente en el movimiento humilde y sin pausa del lápiz de Oriol. Durante un año entero de creación e incertidumbre, me tranquilizaba escuchando su lápiz dibujar mientras descifrábamos cada día una viñeta tras otra por teléfono. El resto del día, lo de siempre en los tiempos que corren: vértigo de información, venta, transacción; todo lo contrario.
Empezamos a trabajar dos desconocidos sin editorial ni financiación, pero el resultado estará entre vuestras manos, muy pronto lanzado a un mundo exterior que, en principio, pide otras cosas. En cualquier caso, ya tenemos un disco, un espectáculo y un cómic con el mismo nombre, autónomo y complementario, hecho con toda la verdad y amor del que somos capaces.
Enric Montefusco
Les vi en enero tocando entero “Vivalaguerra” y me pareció un concierto guapísimo. Desde luego que en directo siguen en forma, pero habrá que ver que hacen en el estudio. Lo último que escuché suyo fue el “Adelante Bonaparte” y se me atragantó tanta pretenciosidad.
